Proyecto «Filosofía: libertad para todos.»

Desde que me encontraba en la facultad de Filosofía de la UNAM tenía pensamientos recurrentes en torno a lo que es la filosofía. He de decir que mi paso por dicha institución me dejó un sabor amargo por la manera en que dicha disciplina se enseña, se divulga y se practica.

De hecho, pensar que la filosofía consiste en un cierto tipo de praxis suele ser bastante problemático. A pesar de eso, tengo la certeza de que hay algo en ella que siempre rebasa los muros de las instituciones académicas y que ellos no logran atrapar.

Si bien es cierto que gran parte de las clases y la forma en que se lleva a cabo el ejercicio filosófico consiste en la exposición de las ideas de cierto tipo de filósofos y en la escritura de comentarios a los mismos, así como la participación en simposios, congresos y demás actividades, también podría decir, con toda seguridad, que quienes se abocan a dichas cosas no son más que una especie de burócratas o comentaristas.

Lo anterior en razón de que la filosofía siempre consistió, por lo menos eso nos cuentan las anécdotas más antiguas, en pensar lo real desde las puertas que se abren en el diálogo con otro, en el intento por desmembrar la opacidad de lo que aparece, en el ejercitarse por alcanzar las virtud, en el descubrimiento de los niveles en que las cosas pueden presentarse, pero sobre todo, en el compromiso inherente a la figura del filósofo con su propia palabra y con la permanente disposición de escuchar a quienes conversan con él.

La desgracia de la filosofía al interior de las universidades podríamos decir que consiste en crear burócratas, técnicos, especialistas o ingenieros. La gran mayoría de las veces, quienes se dedican a ella, carecen de todo compromiso con lo que dicen, son dogmáticos y, además de eso, conservadores de todo un esquema de desigualdad en el que la filosofía se encuentra alejada de la realidad.

Debido a lo anterior he decidido comenzar con un proyecto que no estará alejado de los problemas propios de su naturaleza, de críticas y de incredulidad. Hoy tenemos caminos infinitos que nos conectan con los otros, hay un sinnúmero de plazas públicas en las cuales la filosofía puede tratar de hacerse escuchar, espacios abiertos a los que no es necesario siquiera inscribirse, pagar o ser reconocido. Ahí es donde he de invitar a quienes tengan el interés auténtico por la filosofía a liberarse, a pensar y nunca más, a repetir el pensamiento de algún otro por más grandioso que parezca.

¿Cómo? Estoy por descubrirlo.


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Publicado por Diogenes Laercio

Estudié Filosofía en la Facultad de Filosofía y Letras en la UNAM. Cursé parte de la licenciatura en Letras Clásicas. Me dedico a la creación de contenido en redes y invito a todos a filosofar. He creado el podcast Filosofía en voz de Diógenes, Librería Rizoma en Instagram y el Proyecto de Divulgación de filosofía con el fin que el conocimiento esté más cerca de todos.

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