Aquí llegó después,
arribó entre los pliegues del viento, sobre los labios salibosos, bajo el musgo de las fosas nasales.
Incrédulos, creíamos que el haber sido lo que fuimos, grandeza, resistencia y esplendor, iba a salvaguardar nuestros cuerpos.
Más dolía el desengaño de saberse frágil sobre calles de piedra quebrada y tras muros y poros que poco abrigaban.
Aquí llegó después…
Mira que las bocas se cubren de pieles telares, de miedo y de hambre, de letras cantadas, de estambre.
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