Dos cabezas de medusa: psicoanálisis y filosofía


Los caminos que el ser humano ha creado con el afán de saber más de sí mismo siempre se encuentran llenos de grandes rocas, barrancos, senderos sin destino, oscuridad. La experiencia de lo religioso hace miles de años situó a los primeros hombres y mujeres en el más allá de lo que su cabeza podía comprender.

Siglos más tarde la filosofía dio a luz a nuevas formas de observar la naturaleza, nuevos modos de comprender al ser humano mismo apelando al uso de su facultad racional. La idea de la razón no es más que un artificio cuya finalidad es la de sobrevivir en un ambiente hostil, siempre lleno de agobios.

Pero la razón no siempre es lógica, escribiría Víctor Hugo. Más allá y más acá de lo que puede alcanzar, la profundidad de lo humano desemboca en mares en los cuales la inmensidad se desborda. Sobre todo, porque el ser de lo humano no es objeto de contemplación sino de actividad, de vida, de constante movimiento.

La filosofía intentó resolver la pregunta por la naturaleza de las cosas, su deseo era encontrar lo permanente en el mundo. Cuando, a fuerza de tanto empeño, logró ofrecer algunas respuestas bastante interesantes, volvió su mirada hacia los seres que hablaban, se desenvolvían y relacionaban con otros.

Fue entonces que se cayó en la cuenta de que lo humano y sus actos, son siempre contingentes, fugaces, etéreos. La ética sucedió así a la metafísica. La razón en su más pura vestimenta se vistió de piel, de afectos, de deseos.

Podríamos decir que fue Sócrates quien inauguró la pregunta por el ser humano. Fue el quien concebía que el diálogo era la herramienta fundante de lo bueno, de la razón. Así, la filosofía pretendió dar cuenta de los afectos, de las pasiones, de la forma en que nos dirigimos en el mundo.

En ese mismo sentido, podríamos decir que con Sócrates se inaugura una perspectiva sobre cómo han de tratarse nuestras afecciones. La palabra tiene así una función terapéutica, se habla con el objetivo de parir ideas, de acceder al nivel de la verdad.

Con el paso de los siglos la práctica filosófica por excelencia se habrá de trasladar a una forma específica de concebir la psicología humana. Es una paciente de Freud quien le denomina al acto de hablar, la cura a través de la palabra. El psicoanalista pregunta lo que es pertinente y necesario, no sobre la persona sino sobre lo que rodea aquello que la persona tiene por cierto.

Aunado a lo anterior, Freud no solo se abocará a indagar mucho más como puede articularse una práctica terapéutica bajo ese criterio, también discutirá frontalmente con la idea de la conciencia en filosofía, con la idea del yo, la del sujeto o la de la representación, etc.



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Publicado por Diogenes Laercio

Estudié Filosofía en la Facultad de Filosofía y Letras en la UNAM. Cursé parte de la licenciatura en Letras Clásicas. Me dedico a la creación de contenido en redes y invito a todos a filosofar. He creado el podcast Filosofía en voz de Diógenes, Librería Rizoma en Instagram y el Proyecto de Divulgación de filosofía con el fin que el conocimiento esté más cerca de todos.

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