Un siglo de desesperanza


Los movimientos de la historia son tan gigantescos y silenciosos que apenas podemos tener conciencia de ellos. De pronto, individual y colectivamente, nos vemos frente a situaciones que parecen rebasar nuestro control o que parecen no tener causa. Hay un relato que habla de la guerra, por ejemplo, y sus participantes; otro que nos dice qué fue posterior a ella; otro cuenta cómo comienza una infección masiva, etc., más de ninguno podemos identificar con claridad su principio motor.

La historia no tiene causa porque se articula en una red casi infinita e ininteligible de sucesos, dichos, accidentes y desaires. Pero eso no la sitúa más allá de una forma de comprensión posible, si ubicamos los nudos de la red que se conectan unos con otros, tal vez podamos tener un panorama claro del presente y del porvenir.

En ese contexto, podemos decir que hemos tejido un siglo de desesperanza. Desde las dos grandes guerras del XX y sus ecos en todos los continentes, la Guerra fría, la globalización, los sesentas y su fallido intento de revolución hasta la caída de las torres gemelas, el todavía constante temor por lo nuclear y el COVID son solo algunos de los hilos que conducen al nudo de nuestros días.

La desesperanza se ha instalado en todos los niveles de nuestra experiencia cotidiana, junto a ella, andan la violencia y el miedo. De ahí que los filósofos de corte existencial y pesimista sean pertinentes -sobre todo en los más jóvenes-. La evidencia de la incertidumbre se palpa a cada rato, en la búsqueda de empleo, en el paseo por la calle, en los ojos silentes de los trabajadores, en el futuro que no será de nadie.

Este siglo es apenas el receptáculo del anterior. La filosofía siempre es buena alternativa en los momentos de crisis, sobre todo porque toca las fibras más sensibles de la circunstancias sin ofrecer una visión utópica de lo real. De ahí que uno de sus grandes temas sea el del suicidio y el del sentido de la existencia y que, tras su análisis, se apueste por la vida o por la libertad.

Podríamos atrevernos a decir, incluso, que el filósofo ofrece un diagnóstico de época ¿Podría darnos también la cura? Quizás remedios duraderos. ¿Tú qué piensas?



Descubre más desde Diógenes Laercio | Filosofía

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Publicado por Diogenes Laercio

Estudié Filosofía en la Facultad de Filosofía y Letras en la UNAM. Cursé parte de la licenciatura en Letras Clásicas. Me dedico a la creación de contenido en redes y invito a todos a filosofar. He creado el podcast Filosofía en voz de Diógenes, Librería Rizoma en Instagram y el Proyecto de Divulgación de filosofía con el fin que el conocimiento esté más cerca de todos.

Deja un comentario

Descubre más desde Diógenes Laercio | Filosofía

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo