Entelequias y mecenas:
Por algún extraño motivo o azar de la historia hoy se hablará mucho más del amor y la amistad. Yo he utilizado este día solo como pretexto para compartir con ustedes algunas cosas no dichas todavía.
Hace mucho tiempo me encontraba leyendo una historia de la filosofía, entre tantos nombres y anécdotas, una logró atrapar mi atención. En ella se contaba sobre la relación que algunos filósofos antiguos habían logrado establecer entre el ejercicio del pensar y la amistad.
¿Cómo habrá sido? ¿Qué significaba hacer filosofía entre lazos de amistad? ¿Cómo pudieron haber sido las comunidades filosóficas? ¿Cuáles fueron esas conversaciones, acuerdos y desencuentros que dieron lugar a los más excepcionales edificios del pensamiento?
A mis ojos todo eso era una utopía, un no-lugar, una imposibilidad. Sobre todo, si consideramos que constantemente se dice que la filosofía se encuentra muerta, o en el descrédito, y que el presente, o el porvenir parecían no ser el espacio idóneo para ella.
Después de algunas decepciones, sin esperanza y sin nada que perder, intenté recrear alguno de esos espacios dedicados al estudio, la reflexión, el diálogo y la filosofía, pero a través de la virtualidad de nuestra época.
Desde entonces me he sorprendido a diario por haberme encontrado con ustedes. Éramos una especie de diamantes locos rondando este mundo abrumador. Nos habíamos sentido solos desde tiempo atrás, quizás siempre, pero la necesidad, la diké ha logrado misteriosamente encontrarnos.
Motivados por una pasión indescriptible por comprender la totalidad de las cosas, el cosmos, el amor, la amistad y a nosotros mismos, hemos logrado apenas rascar sobre el suelo para colocar ahí los cimientos de una edificación filosófica que quizás algún día logre trascender, con mi nombre y con el suyo: “hemos utilizado todo lo que nos unía, desde lo más próximo a lo más lejano.”
Tal vez esa soledad agobiante de la existencia no vuelva a caernos de forma tan violenta y tosca, nos tenemos a nosotros. Aquí cabemos todos y todas.
Diógenes Laercio
P.D. Para dejar de creer lo que nos han contado y aprender a pensar.
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