Generación Z: descontento e incertidumbre


Al margen del asesinato de Carlos Manzo, el presidente de Uruapan, se ha invocado a una marcha cuyo fin es manifestar el descontento social frente a la ola de violencia, asesinatos y desapariciones en México. La marcha ha resonado en cuanto que quienes la convocaban eran los jóvenes que son parte de la denominada Generación Z y cuya apatía política parecía ser su factor común.

Lo cierto es que la exigencia no es menor en el contexto que se vive en México y sería grosero negar los acontecimientos violentos en los que se ve enfrascado el país entero. No obstante, es preciso analizar que un ejercicio social de exigencia para el gobierno no es lo mismo que un movimiento revolucionario. Lo cual es interesante precisar en razón de la petición apresurada de los jóvenes sobre la revocación de mandato o sustitución del poder ejecutivo sin tener claro no solo el perfil sustituto, sino también el telos de esa sustitución.

En ese mismo sentido, habría que señalar que es una tendencia actual en el campo de la política el identificarse como ciudadanos libres de toda injerencia de partido o de ideología alguna, sin embargo, como bien apunta Zizek en su libro En defensa de la intolerancia que la neutralidad política no es otra cosa más que el resultado de la homogeneización ideológica y la neutralización de toda diferencia efectiva.

La diferencia ideológica cumple un fin en el terreno político, hace posible la distinción entre un proyecto de implementación política y otro, entre el planteamiento de un fin de la historia para una sociedad dada y un plan a seguir. La marcha de la Generación Z es muestra de ese proceso de neutralización, se manifiestan apartidistas pero no logran establecer la diferencia ideológica entre ellos y el establishment. Si existe alguna especie de finalidad, no está manifiesta ni es clara.



De ahí que quienes se adhirieran a la marcha no pudieran hacer ver más allá de lo evidente, un descontento visceral cuya permanencia en el espacio público es fugaz y cuya capacidad de ampliación en la opinión pública fuera casi nula. Aunado a ello, no debe dejar de apuntarse el modo en que las perspectivas de los ultras, tanto a la derecha como a la izquierda -según sea el caso- hacen valer su mala fe en medio de un movimiento plagado de incertidumbres.

Todo lo que no está ideológicamente definido es materia de cultivo de la mala fe de los políticos y sus intereses personales. Por ello, no es raro encontrar en las calles de Reforma durante marchas de calibre similar, a personas cuya preocupación se limita al horizonte de sí mismos, pero no al de la comunidad.

La marcha de la Generación Z se autoinmolará porque en ella acontece todo menos el auténtico deseo del bienestar generalizado de la sociedad mexicana, las entrevistas y videos abundan como muestra.


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Publicado por Diogenes Laercio

Estudié Filosofía en la Facultad de Filosofía y Letras en la UNAM. Cursé parte de la licenciatura en Letras Clásicas. Me dedico a la creación de contenido en redes y invito a todos a filosofar. He creado el podcast Filosofía en voz de Diógenes, Librería Rizoma en Instagram y el Proyecto de Divulgación de filosofía con el fin que el conocimiento esté más cerca de todos.

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