Whitexicans: nostalgia de la colonia


Recientemente el término whitexican ha tomado relevancia en el debate público mexicano. Con frecuencia se hace mención de él para referirse de forma peyorativa a un grupo social determinado. Su uso evoca una distinción de clase.

A primera vista parece no tener relación con ninguna otra cosa más que con la descalificación. Sin embargo, es sabido por todos que la historia no puede borrarse aun cuando hayan pasado siglos. El presente mexicano está todavía muy próximo a su pasado inmediato, pero no parece ser tan evidente.

Hay figuras, símbolos, monumentos, palabras y hasta calles y colonias que evocan la conquista. Misma que podemos definir como la relación desigual y negativa que se da entre dos culturas encontradas. Esa relación permea todo el espectro cultural, político y de cosmovisión de los dos pueblos.

Es inherente a la naturaleza de las conquistas que un pueblo triunfe sobre el otro, inherente también el hecho de que después de la independencia del pueblo conquistado, existan grupos e individuos reacios al cambio.
En ese contexto histórico y actual surgen los whitexicans.


Este grupo social no solo es definible por su color de piel, de ojos o de cabello. Quizás podría ser irrelevante apelar a tales características, si no fuera porque el modo en que se conducen en el mundo implica una dinámica de remembranza de la colonia.


El privilegio social del que gozan no viene precisamente de la posibilidad económica superior que tienen con respecto al resto de los mexicanos, se origina en su visión colonial transmitida de generación en generación. En ese relato mítico se les cuenta qué es lo que ha mantenido la cohesión del grupo después de dos siglos de Independencia: la educación, la forma de hablar, los lugares de distracción, lo que es preciso comer, cómo entretenerse, a dónde ir de vacaciones y hasta en qué zonas vivir.


De ahí que en la Ciudad de México, la colonia del Valle, la colonia Roma y Chapultepec, Polanco y Coyoacan sean el lugar propicio para la reproducción de las prácticas del grupo y la sujeción al pasado. De ahí que el conservadurismo político se alimente cínicamente de los frutos de la nostalgia sembrados en esas tierras.


¿Qué necesidad tenemos de museos sobre la Conquista y la colonia? Yo me atrevería a invitar a todos a pasearse por el parque México o el parque España los domingos, andar sobre la avenida Alvaro Obregón, mirar las esculturas, tomarse un café y revivir la experiencia colonial.

Todo es desigual ahí, hasta el más mínimo detalle nos recuerda que en nuestra visión de la realidad mexicana unos son/fueron los señores y otros los antiguos mexicanos. El whitexican es más que solo un nombre.



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Publicado por Diogenes Laercio

Estudié Filosofía en la Facultad de Filosofía y Letras en la UNAM. Cursé parte de la licenciatura en Letras Clásicas. Me dedico a la creación de contenido en redes y invito a todos a filosofar. He creado el podcast Filosofía en voz de Diógenes, Librería Rizoma en Instagram y el Proyecto de Divulgación de filosofía con el fin que el conocimiento esté más cerca de todos.

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