Durante siglos la idea que se tenía en torno al cuerpo era de carácter negativo. Las referencias abundan en la literatura: el cuerpo como cárcel, como obstáculo, vicio o podredumbre. En cada caso que se pensó al ser humano en tanto individuo se afirmó que su constitución era doble: por un lado, el cuerpo; por el otro, el alma, el intelecto, la razón.
No obstante, con la modernidad y su afán de crítica, la perspectiva sobre todo lo corporal se modificó. La tendencia del pensamiento moderno era replantear la cuestión sobre el individuo para así dar paso a formas más acabadas de inteligibilidad sobre aquel. La sexualidad, el erotismo, el deseo, la carne, la contingencia de lo real, etc., fueron así las nuevas categorías a través de las cuales podríamos concluir que el individuo era ambivalente, pero complejo.
Por algún extraño motivo, durante el siglo XX, la preponderancia de lo corporal se articuló como norma de acción y comprensión de lo real. Quizás hayan sido los nazis los primeros que lograron llevarlo a su limite. Levinas en su artículo sobre La filosofía del hitlerismo considera que la identificación de lo corporal con lo sanguíneo y esto con el ser, dio como resultado los campos de concentración y demás atrocidades.
Al finalizar la guerra quedaron los ecos del cuerpo en sus múltiples identificaciones lógicas. Es decir, el cuerpo como idéntico a lo sanguíneo (racismo, xenofobia); el cuerpo idéntico a los rasgos biológicos más primitivos (pornografía, misoginia, homofobia); el cuerpo idéntico estrictamente a sus manifestaciones psicológicas (padecimientos mentales), el cuerpo idéntico al instrumento del darse placer (publicidad, consumismo), etc. Cada identificación es una forma de violencia puesta en marcha tras el telón de un modo específico de interpretar lo corporal.
En ese sentido, diría que la violencia sobre el cuerpo no está dada en razón de una estructura inamovible, sino que es motivada por los modos en que, incluso hoy, concebimos y accionamos sobre nuestros propios cuerpos y los de los otros: el/la que se masturba frente a una escena pornográfica, el racista, quien padece trastornos de percepción de su propia identidad corporal, el exhibicionista moderado y la radical.
Cada uno de esos personajes son el resultado de un proceso largo de reivindicación del cuerpo con efectos negativos. A donde sea que miremos hoy la carne es soberana, el cuerpo es el amo y señor, el objeto y el terreno sobre el que se acribilla su propia opacidad y consistencia. ¿Será pertinente el ascetismo?
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