Comienza el año y es muy común que nos planteemos cómo deseamos que transcurra el nuevo ciclo, qué queremos alcanzar o qué es lo que deseamos obtener. Sin embargo, no es frecuente que antes de proponernos cualquier cosa, reflexionemos sobre el origen de eso que anhelamos y, quizás ese sea justo el punto en el que nuestros propósitos comiencen a fracasar.
Si partimos del hecho de que estamos en una sociedad capitalista dentro de la cual, como afirmaría Marx, cualquier cosa es objeto de una especie de fetichismo y que éste ve su origen en la estructura ideológica, no sería extraño considerar que lo que el ser humano desee esté atravesado por ese espectro de representaciones.
En ese sentido, nuestra visión de las cosas está ya determinada material e ideológicamente. Cada uno de nuestros deseos o sueños no serían otra cosa más que el resultado de esa interferencia fetichista propia de la dinámica de las mercancías en la sociedad del capitalismo. Siguiendo esta línea de ideas, los propósitos de año nuevo no escapan a esas determinaciones e, incluso, podemos constatarlo estadísticamente.
La mayoría de los propósitos de año nuevo están relacionados con la obtención de algún bien, los viajes, el ascenso laboral o el éxito, por mencionar algunos ejemplos. Si lo miramos con cuidado, nos daremos cuenta sin más que todo aquello no es otra cosa más que el eco de la misma dinámica de todas las mercancías y consumibles. Nuestros propósitos de año nuevo son manifestaciones más o menos abstractas de la noción de mercancía.

Dentro de esas manifestaciones diversas de la mercancía se encuentran hoy también los estilos de vida, los ejercicios espirituales, la cultura de los libros rápidos, entre algunas otras cosas. A todo ese ámbito mercantilizado de los propósitos de año nuevo le llamo los propósitos enajenados.
Puesto que la naturaleza de todo lo que es mercancía está directamente relacionado con el consumo, es pertinente analizar cómo lo que deseamos se sitúa en ese rubro de alguna manera y cómo, en tanto objeto de consumo, es alcanzable o no por nuestro propio contexto material. Pero también, cómo aún logrando obtener el producto vuelto propósito, éste se desmorona en un simple deseo.
De ahí, que me parezca pertinente analizar bien cuáles son nuestros propósitos de año nuevo. Si su origen no es otro más que el del ciclo de la mercancía, muy probablemente el propósito no se cumplirá. Y si por otro lado, analizamos que lo fundamental de los propósitos no está relacionado con las cosas, sino con nuestra proyección existencial, es probable que podamos proponernos algo más alcanzable y satisfactorio para nosotros mismos.
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Excelente reflexión
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Gracias por comentar
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