No es para nadie una sorpresa que el desarrollo de la inteligencia artificial está en boga y que en muchos aspectos de la vida puede resultar útil. Sin embargo, en lo que respecta a la difusión de un mensaje, a la apreciación de una imagen, la creación de una obra de arte visual o musical, o incluso la escritura de un libro o un ensayo, la inteligencia artificial nos sitúa en un pantano de confusión entre lo verdadero y lo falso. Hoy es muy fácil no poder distinguir una cosa de otra.
¿Quién iba a creer que más de dos mil años después la filosofía platónica podría ser un antídoto contra los castillos de arena de la inteligencia artificial? Sobre todo porque justo uno de los tópicos que más preocupaban al filósofo era el relativo al fundamento de la verdad; construir una teoría filosófica y pedagógica que guiara a los ciudadanos por el camino correcto de la razón y el conocimiento no fue un simple afán cifrado en el azar, respondía a un contexto en el que lo falso podría erigirse como soberano.
El modo en que Platón considera que podemos aproximarnos a lo verdadero y abandonar las sombras de la apariencia, es aprendiendo a dejar de lado aquello que nuestros sentidos ofrecen como información inmediata y a no fiarnos de ella, puesto que es muy común que lo sensible falle. Esto podríamos ponerlo en práctica cuando en redes sociales vemos un video y engañados por su configuración aparente lo damos por verdadero sin más. Pero si analizamos su contenido, nos podemos dar cuenta de que “un perro no podría caminar de esa forma”, o que un ser humano “no podría hacer ese tipo de saltos”, o que hay un desfase de la voz con el movimiento de la boca, etc.

El ejercicio platónico consiste en priorizar el conocimiento de las formas, de las eidos, es decir, la estructura racional y lógica que subyace al modo en que las cosas son: “un perro no podría ser de esa forma”, “un humano no podría dar ese tipo de saltos”. La inteligencia artificial es contraria a las formas inmanentes de las cosas, contraviene su ser y en eso reside su falsedad.
Ante los ojos de un público que codifica su saber bajo los criterios de lo empírico es sencillo que la inteligencia artificial pueda establecer su ordenamiento falaz. No así cuando la perspectiva de los individuos bien formados cifran su conocimiento en torno a la racionalidad. Aunado a ellos, es preciso afirmar que para Platón lo aparente no solo tiene implicaciones negativas a nivel social, las tiene también en la vida del individuo en tanto que la apariencia lo encamina hacia la vereda de lo “superficialmente bueno”.
Quizás hoy más que nunca sea necesario retornar a las categorías pedagógicas y filosóficas de Platón para no dejarse consumir por las fauces de un mundo oscuramente peligroso. ¿Tú qué piensas?
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