Manual Básico para Argumentar


Quizás no ha habido otro momento en la historia de la humanidad en el cual el debate estuviera tan presente en el espacio público. En otro tiempo se encontraba reservado o relegado a la gente culta, universitarios o sacerdotes. A pesar de hoy que ya no es así, pareciera ser que hoy se confunde mucho el emitir una opinión con el ofrecimiento de buenas razones, es decir, con la construcción de buenos argumentos. En función de eso, te comparto lo más básico para comenzar a argumentar de forma adecuada.

Identifica si hay argumento o no

Por definición un argumento está constituido de premisas y conclusión. En muchos casos quienes creen estar argumentando en favor de algo, suelen solo emitir enunciados aislados e inconexos con lo que pretenden defender. Si prevalece la falta de relación entre oraciones y no es explícita la conclusión, no hay argumento. En este caso, no hay debate posible.

Premisas

Una premisa es generalmente un enunciado simple (sujeto, verbo, predicado) que sirve de sustento o justificación a la conclusión, o al punto de vista, tesis o perspectiva que deseemos defender. No basta con que la premisa tenga la forma de enunciado simple, es necesario que ella refiera a la verdad y que esté anclada en información verdadera sobre el tema a debatir. No existe una regla sobre cuantas premisas podemos aducir para la construcción de un argumento, pero mientras más concisas y claras sean, es mejor.

Fuentes de información

Para la construcción de premisas adecuadas, no solo basta la claridad y la precisión de las mismas, se requiere que las fuentes consultadas y de las cuales extraemos la información sobre el tema a tratar sean fidedignas, objetivas o científicas. De tal manera que a los participantes de un debate no les es permitido realizar afirmaciones que no se encuentren justificadas. Consulta datos, estadísticas, libros, artículos científicos o cualquier otra fuente adecuada para el tema a tratar.

Principio de claridad

Una de las malas prácticas más comunes en los debates actuales se relaciona con la imposibilidad, intencional o no, de comunicar de forma clara lo que pensamos apelando a ambigüedades, conceptos oscuros o al uso desmedido de términos técnicos innecesarios. El principio de claridad no puede ni debe ser trasgredido en ningún debate auténtico.

Conclusión

La conclusión es un enunciado simple que es resultado necesario de las premisas. Es decir, que las premisas no podrían haber conducido al pensamiento a alguna otra conclusión, sino aquella que se infiere de ellas. De tal manera que, si por ejemplo, mi premisa reza: “Los vegetales son buenos para la salud”, la conclusión resultante no podría ser: “Las hamburguesas de carne de res son exquisitas.” La falta de conexión entre premisa y conclusión nos daría una pista de que una cosa no se sigue de la otra.

Aunado a ello, es necesario tener en cuenta que la conclusión y su contenido debe ser verdadero. Si identificamos que no lo es, podríamos estar frente a una falacia común.

Ahora que ya conoces estos pasos básicos para comenzar con la buena argumentación, trata de ponerlos en práctica. En otra entrada haremos hincapié en las fórmulas o modelos de argumentación más comunes y siempre útiles.


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Publicado por Diogenes Laercio

Estudié Filosofía en la Facultad de Filosofía y Letras en la UNAM. Cursé parte de la licenciatura en Letras Clásicas. Me dedico a la creación de contenido en redes y invito a todos a filosofar. He creado el podcast Filosofía en voz de Diógenes, Librería Rizoma en Instagram y el Proyecto de Divulgación de filosofía con el fin que el conocimiento esté más cerca de todos.

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